20 noviembre, 2019 iniciare

La esencia del oficio de Diseñar, “Revisitado”. (segunda y última parte)

por: Guillermo G. Romo.

Desafortunadamente la utopia defendida por el “Bauhaus” terminó abruptamente, la guerra se interpuso e inicio el exilo conceptual hacia el nuevo continente. En Chicago, la “Nueva Bauhaus” retoma algunos de los fundamentos de la vieja escuela, pero su impacto influyó más en la consolidación del valor de cambio de las mercancías; que en fomentar los principios de Morris y Gropius con respecto a las necesidades de los usuarios y el valor de uso de los objetos.

Estados Unidos es el gran vencedor de la II Guerra Mundial, de todos los participantes es el único cuya capacidad productiva queda intacta y se incrementa ante la demanda de bienes industrializados en los países devastados por la guerra, su influencia política se incrementó y su estilo de vida pragmático, belicoso y consumista se impuso y apreció como el nuevo estilo de vida moderno y urbano de la postguerra.

Durante esos momentos de conmoción se consolida el “Styling”, movimiento surgido a inicios de los años 30’s en Estados Unidos y que al amparo e influencia de los gerentes por incrementar las ventas, imbuye con ‘marketing’ falsas premisas sobre el desempeño, calidad y utilidad de los objetos, estrategia retomada, ampliada y recargada con elementos; que ciento ochenta años atrás surgieran de la Revolución Industrial.

La vasta propagación de este estilo de ejercer el oficio de diseñar, se explica en parte si observamos de cerca las circunstancias del país que lo aprovecha, lo impulsa y lo impone. Los países industrializados, vencedores y orientados al capitalismo estaban en reconstrucción; los perdedores fueron ocupados, restringidos, arrastrados hacia el mismo modelo y en reconstrucción; resurge – también vencedora – la contraparte comunista, en proceso de consolidación social, en reconstrucción y enfocada en apuntalar su posicionamiento geo-estratégico para no quedar vulnerable. Estados Unidos quedó entonces, como la potencia hegemónica del modelo industrialista.

El análisis del oficio de diseñar en ésta etapa, puede resultar controversial debido al particular contexto de su práctica. Eventos sociales coyunturales, avances tecnológicos y posturas contrapuestas entre el este y el oeste, estimulan el consumo de mercancías con alto valor de cambio como medio ideologizante. No es difícil entender que la práctica del diseño reforzara esta visión, ya que por décadas hubo abundante demanda de todo tipo de bienes. La marca “Made in USA” llenó el vacío dejado por la devastación de la guerra y ayudó a consolidar la visión mercantilista y pragmática del “vencedor”. Opuestamente, se aplazo la crítica a la sustentabilidad del nuevo estilo de vida, no se reflexionó sobre las legítimas necesidades insatisfechas de los usuarios ni sobre el propósito real de los objetos manufacturados.

En los siguientes años, el oficio de diseñar continuó su cauce mercantilista, poco se recuperó de su esencia humana en la práctica de la evolución.“Contemporáneo”,“Futurista”,“Era Espacial”,“Minimalista”,“Post-modernista”, “Memphis” y “Deconstructivista” entre otros, son sólo variaciones de estilos que reproducen el modelo dominante donde ‘el uso de las cosas para satisfacer necesidades es suplantado por la compra de las cosas para generar dinero’.

Fue hasta finales de los años 60 ́ con el surgimiento del Club de Roma, que por primera vez después de finalizada la II Guerra Mundial se alerta sobre la manera desenfrenada, consumista y sobrexplotadora de recursos y mercados que desde la posguerra y más aceleradamente después de la caída del muro de Berlín; han marcado la pauta y orientación de la práctica del diseño. Derivado de lo que representan el “Bauhaus” y el “Modernismo”, el “Diseño Vernáculo”, “Diseño de la Periferia”,“Biodiseño”,“Ecodiseño”,“Neo-minimalismo” y recientemente el “Diseño para la Sustentabilidad”, han surgido como corrientes que retoman la esencia del oficio de diseñar e intentan frenar el avasallamiento de los movimientos mercantilistas, aunque con éxito relativo; ya sea por falta de adeptos, propagación, método o viabilidad tecno-económica.

 

Para agregar al desconcierto, gracias a las habilidades transferibles y al hacer creativo de los diseñadores, hemos influido con “Design Thinking” la toma de decisiones en los negocios y con “Diseño basado en Tecnología”, el mercado de bienes y servicios de “objetos inteligentes” para “consumidores ineptos”, pero aún omitiendo fallos conceptuales obvios, seguimos sin puntualizar lo que sí podemos hacer con nuestro oficio.

En mi opinión todo surge de la escueta definición de la palabra diseñar; en español deriva del italiano designare que en su acepción más simple significa ‘dibujar’ y dibujar per se no es diseñar, es sólo una actividad para diseñar, lo importante es lo que se dibuja y no el dibujo mismo.

Prefiero la palabra en castellano designar que significa: “formar designio o propósito, señalar o destinar a (…) algo para determinado fin, denominar, indicar”, definición mucho más rica que nos acerca al proceso de diseño integrador que nuestros predecesores prehistóricos emplearon durante millones de años (observar, cuestionar, pensar, decidir y manufacturar).Y digo integrador en el sentido que dota al usuario con objetos para mejor adecuarse a su contexto y porque emplea sustentablemente los recursos involucrados en ella.

 

Sumando a lo anterior, entendamos que ante todo:

a) Los objetos son una extensión de nuestros sentidos, nos asisten en la mayoría de las actividades cotidianas volviéndonos más eficientes en el trabajo, fluímos más armónicamente durante la recreación si contamos con ellos, tornan más eficaz la rehabilitación y dan sentido estético al uso de los mismos.

b)  Antes que ser mercancías, los objetos proporcionan valor de uso a los consumidores y tienen el propósito de satisfacer necesidades reales, ¡no creadas!.

c)  La integración de componentes tecnológicos en los objetos, debe responder a la solución creativa de necesidades insatisfechas de los usuarios y no a la fabricación de meros artilugios tecnológicos que distraen y restringen las capacidades humanas (excluyendo por supuesto aquellas disminuidas por alguna condición diferente).

Concluyendo y sin ánimo de polemizar arbitrariamente por el breve espacio, concibo el oficio de diseñar como la habilidad para detectar necesidades insatisfechas de los usuarios, crear bienes y servicios que satisfagan esas necesidades y gestionar los medios adecuados para producir, promover y distribuir esos productos en el mercado, en pocas palabras innovar, pero en esto abundaré… posteriormente.

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FUENTES CONSULTADAS:

  • Appadurai, A. ed. (1991) “La Vida Social de las Cosas” Perspectiva cultural de las mercancías, Grijalbo, colección Los Noventa, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, D.F. (México).
  • Basalla, G. (1991) “La Evolución de la Tecnología”, Grijalbo, colección Los Noventa, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, D.F. (México).
  • BBC (2009) “Blueprints for war”, The Genius of Design 3/5,Wall to Wall Media Ltd., London (UK). Disponible en línea: https:// www.youtube.com/watch?v=Q_0z1kvM6ns
  • Flores, M. (2009) “Del valor de uso al valor de cambio: un (neo)-determinismo en la lógica social”,Teoría y Praxis No. 14, Febrero, Universidad Don Bosco, Soyapango (El Salvador). Disponible en línea: http://rd.udb.edu.sv:8080/jspui/bitstream/11715/750/1/1.%20Del%20valor%20de%20uso%20al%20valor%20de%20cambio.pdf
  • Norman, D. (1988) “The Design of Everyday Things”, Basic Books, New York (USA).
  • Norman, D. (2005) “Emotional Design: Why We Love (or Hate) Everyday Things”, Basic Books, New York (USA).
  • Spark, P. (1988) “Design in Context”, Bloomsbury, London (UK).
  • Watson, L. (1995) “Vida Secreta de los Objetos Inanimados”,Tikal, Girona (España).
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