17 octubre, 2019 iniciare

La esencia del oficio de Diseñar, revisitado.

Por:  Guillermo G. Romo
Gerente Consultor Senior
en: innovaxión

Y qué diseñas…, fábricas?. Alguna vez pasando el tiempo y mientras charlaba con alguien en la sala de espera de algún aeropuerto, intentaba explicar el quehacer de los diseñadores industriales, con tan poco éxito, que la interpelación recibida fue la descrita al inicio de éste párrafo.

¿Cuántas veces has tratado de explicar a una persona común, una contadora o un empresario lo que hacemos los diseñadores, y simplemente recibes un: ¡ah, que interesante!, para que luego cambie la conversación hacia algo menos angustioso de entender como…; el clima, el tráfico o por qué “chicharito” se fue al Sevilla. A decir verdad, no es que la gente sea ignorante o poco refinada como para no entender, sino que, al menos en mi experiencia, somos nosotros los ignorantes, poco refinados y por lo tanto responsables por no difundir nuestro quehacer de manera clara, directa y contundente.Todos sabemos a lo que se dedica un abogado, o un político ¿cierto…?, entonces: ¿por qué no, ser más reflexivos, más autocríticos, olvidarnos de los clichés y los lugares comunes e incluso ser más teóricos y hasta retóricos, para explicar el quehacer de nuestra profesión y difundirlo de manera menos pretensiosa, más cotidiana y más comprensible?.

¿Pero qué es lo que realmente define nuestro oficio y por qué su aporte es relevante para la sociedad? Sin querer condensar excesivamente la historia del oficio de diseñar, recontaré algunos momentos relevantes que definen nuestro oficio aunque aparentemente, éste se entiende poco.

Comenzaré describiendo el quehacer universal de aquellos hombres y mujeres en la edad de piedra, personas que con una sensibilidad especial, identificaron la necesidad de contar con herramientas más eficientes para potenciar la precaria capacidad humana y adaptarse mejor al entorno y sobrevivir, pensemos en las hachas o masas de piedra que fueron construidas empleando materiales naturales como ramas, piedras y fibras vegetales o animales, imaginemos el proceso de diseño de esas personas, observando, cuestionando, pensando la mejor manera para asirle con fuerza y manejarla con precisión, decidiendo la manera de unir la piedra con la rama, las medidas, el peso, las proporciones y comprobando la confiabilidad, eficacia y durabilidad para lograr el objetivo deseado durante el trabajo. Nada suntuario, nada excesivo, simplicidad y valor de uso en su máxima expresión.

Muy probablemente, unos cuántos hombres y mujeres de ese grupo nómada, dotados de talento creativo, eran quienes se encargaban de pensar como acondicionar mejor la vivienda, o como curtir y coser las pieles, reparar las herramientas y establecer las labores de los grupos de caza o recolección. Sus habilidades prácticas eran apreciadas y rápidamente difundidas entre otros miembros del grupo, quienes continuarían la usanza de técnicas y empleo de materiales de manera creativa para perfeccionar los medios de supervivencia. Pareciera que la cohesión y el tamaño de los clanes, facilitaba la continuidad y asignación de roles en esas sociedades prehistóricas, ya que su práctica y organización permanecieron por cerca de 2.5 millones de años. Así, el rol de los diseñadores fue fundamental para la preservación de la especie y la evolución humana.

Posteriormente con la invención de la escritura y hasta la revolución industrial, vinieron las especialidades iniciadas en la edad de los metales, el rol social de los diseñadores era evidente, entendido y apreciado en sus correspondientes grupos humanos, el proceso de diseño continuaba siendo el mismo, observar, cuestionar, pensar, decidir y manufacturar utensilios de muy diversa índole. Evidentemente la diversidad de objetos creció aparejada a la diversificación de actividades del proceso civilizatorio alrededor de todo el globo terráqueo. Carpinteros, pedreros, orfebres, tejedoras, constructores, cesteras, curtidores y demás artífices preindustriales fueron apareciendo, desarrollándose y especializándose a lo largo de los siguientes 5, 300 años de la historia de la humanidad. Desde los objetos de contenido tecnológico simple y hasta los más refinados objetos previos a la era industrial, todos fueron manufacturados para satisfacer la necesidad de adaptación, desempeño y evolución de las actividades humanas cada vez más variadas y especializadas como la especie misma.

Y llegó la revolución industrial…, aquí el oficio se trastocó radicalmente para los diseñadores. La división del trabajo, la sustitución de la mano de obra, el uso de máquinas y la comercialización de mercancías para apropiarse de los excedentes del trabajo de otros, marcaron un distanciamiento del diseñador con su objeto de estudio: las actividades humanas, su entorno y los objetos que los conectan con ello. El oficio creativo de observar, cuestionar, pensar, decidir y manufacturar se fragmentó, inclusive, el poder de decisión de lo que sería fabricado pasó enteramente a manos de los burgueses, los diseñadores-artesanos fueron despojados del rol social de creadores/ proveedores de artefactos en su grupo social. Este modo de producción dominante llevó, a cien años después de iniciado, a personajes como William Morris a criticar con firmeza y radicalismo el nuevo modelo económico que amenazaba con industrializar todo lo que pudiera ser mecanizado, desde la producción de alimentos hasta el transporte masivo de bienes y personas.

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Devino el “Bauhaus” y su renovadora influencia del oficio de diseñar, sus principios de funcionalidad, honestidad y estilo minimalista marcaron el retorno del proceso creativo en anticipación a la producción en serie. Debate que no sólo llevó al encono la lucha de clases, sino también a los seguidores del movimiento de las Artes y Oficios y los de las Artes Unificadas promulgadas por Walter Gropius.

Mientras que para Morris el trabajo artesanal representaba una forma moral de regenerar a la humanidad mediante las artesanías, para Gropius los objetos de producción masiva servían de vinculo entre el arte y la tecnología y podían ser producidos en serie. Sin embargo, para ambos algo estaba claro, que a través del proceso del diseño integrador (observar, cuestionar, pensar, decidir y manufacturar) es posible crear una cultura del pueblo y para el pueblo, definida y centrada en la reivindicación de los usuarios. (fin de la primera parte)…

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